El salto desde lo privado a lo social. Parte 2 de 2.

    UNICEF es una organización que recibe subsidios de gobiernos y agencias internacionales, y por supuesto también recibe dinero de empresas y donantes privados. A esta altura, su nombre parece estar en una posición incuestionable para la mayoría de la sociedad. Atletas, artistas, programas de TV, celebridades de todo tipo participan en sus campañas para –en teoría- ayudar a chicos en todos lados del mundo. La organización tiene sedes en casi todos los países del planeta, en donde sus oficinas locales reciben fondos de todas las partes que mencione. No voy a analizar en este caso la efectividad de los programas que llevan a cabo, si son útiles, sustentables o si han logrado el impacto esperado. Sin embargo voy a analizar los números de la organización, o mejor dicho, de una de sus sedes. De acuerdo al último de sus balances publicados en la Web, UNICEF Holanda recaudo alrededor de 75 millones de euros en el año 2008, de los cuales 6.2 millones fueron para pagar los salarios de los 76 empleados. El director ejecutivo de la organización cobro un sueldo anual de 141.000 euros, cuando un empleado promedio de una empresa en ese país llega a los 40.000 euros anuales. UNICEF tuvo ese año 2 directores, que sumaron la friolera suma de 269.000 euros en salarios. Uno no puede dejar de preguntarse si realmente la sede local de una organización internacional como UNICEF necesita tantos empleados y directores, al fin y al cabo la mayoría de las veces están apoyando los mismos programas que sus sedes hermanas en España, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, etc.

    La pregunta queda picando, ¿es realmente eficiente la estructura de la organización o se está gastando más dinero del necesario en pagar una estructura ineficiente? ¿El solo hecho de tener grandes recursos, habilita a una ONG a utilizarlo y gastarlo como si fuera una empresa? La respuesta seguramente necesite mas información y análisis para ser respondida, y estoy seguro que la gente de UNICEF nos convencerán con convincentes argumentos de que si se necesitan. De hecho, tienen la certificación de un organismo independiente de Holanda llamado CBF que aseguran que gastan el dinero bien. Esa certificación se otorga pago previo de unos cuantos miles de euros a CBF, que no controla en detalle los números. Sin embargo, y si queremos responder la pregunta hecha, una anécdota menor nos da un adelanto de lo que podemos descubrir. Un amigo periodista me comento que en un viaje a Nepal que hizo, le asombro ver dos hoteles 5 estrellas repletos de funcionarios de UNICEF que estaban en el país evaluando ciertos proyectos de campo. También le toco compartir el vuelo de vuelta a Holanda con algunos de ellos que, por supuesto, viajaron en clase ejecutiva

    OXFAM es otra de las grandes organizaciones mundiales humanitarias. Según informan ellos mismos, tiene 13 sedes en distintos lados del mundo. Al igual que otras ONG, OXFAM recibe dinero de gobiernos, eventos, sponsors y donantes privados. La sede en Holanda de OXFAM publico que en su balance del 2007 un ingreso de 180 millones de euros, de los cuales 123 fueron otorgados por el gobierno (o sea, los pagan todos los que viven en Holanda con sus impuestos). En sus gastos, OXFAM declara 14 millones de euros en pagar salarios de sus 350 empleados (una verdadera empresa), entre los cuales figuran 4 directores que embolsan 469.000 euros. En una charla con un colega mío, una directora de la organización le comento que también invierten en acciones de la bolsa de comercio cuando les sobra dinero que no llegaron a invertir en proyectos sociales. Obviamente, OXFAM tiene todas las certificaciones de transparencia y uso responsable de los fondos.

    Tanto OXFAM como UNICEF son dos organizaciones que no ejecutan la mayoría de sus programas, sino que re direccionan los fondos a otras organizaciones de base que si trabajan con las comunidades locales. Luego, por supuesto, se acreditan los logros de esas organizaciones. Como es de esperar, estas grandes organizaciones tienen un increíble poder en sus manos y no dudan en ‘bajarle línea’ a las organizaciones de base, diciéndoles lo que deberían estar o no haciendo en cada lugar, la mayoría de las veces sin siquiera conocer las problemáticas locales (este tema lo he tocado en mi post “Ayuda? No, gracias” en este mismo blog). Más de una vez, las grandes organizaciones han salido a acusar a las ONG de base de no ser transparentes, pocos profesionales o simplemente estar equivocados en los programas que tienen. Con este mensaje buscan también que la sociedad les done dinero a ellos que son garantía de transparencia y eficiencia. OXFAM recibió en el 2007 28 millones de euros de donantes particulares.

    Llega el punto entonces donde uno se pregunta si estas organizaciones no han perdido el foco. ¿Se habrán convertido en grandes empresas que están más enfocadas en mantener a flote sus enormes estructuras en vez de ayudar a las comunidades que dicen?  ¿Son realmente imprescindibles o podríamos darle los fondos a las organizaciones de base directamente, ahorrando costos burocráticos? ¿Tendrán los 350 empleados la misma pasión, dedicación y compromiso que aquellos que trabajan con las comunidades en sí?

    Ejemplos como los de estas dos organizaciones se repiten y replican por todo el mundo. Son miles las organizaciones que manejan fondos billonarios y son verdaderas corporaciones de la necesidad ajena. Leyendo algunos artículos sobre el terremoto de Haití se criticaba que muchas organizaciones internacionales no se quedaban lo suficiente en el lugar para llevar a cabo lo que habían ido a hacer. Los pedidos de fondos, sin embargo, se mantenían por mucho más tiempo del que ellos trabajaban. “Cuando hay cosas como la de Haití o los Tsunamis, todas las organizaciones tenemos que ir al menos unos días. Es cuando más recaudamos y tenemos que justificar la presencia”, fue la cruda y shockeante explicación de un empleado de una de estas grandes organizaciones.

     A todo esto, yo habia entendido de donde venían mis prejuicios y dilemas éticos. Por suerte entendí que en mi caso, como el de muchos otros, no habia un dilema real.

    El salto desde lo privado a lo social. Parte 1 de 2.

      Hace tiempo que vengo planteándome este dilema: tengo un trabajo de tiempo completo en una empresa, que consume ocho horas diarias de mi tiempo. En mis tiempos libres, desde hace algunos años, empecé a dedicarme al desarrollo de un proyecto social. El proyecto fue tomando color y así fue como co-funde una ONG que al día de hoy ha crecido a un nivel que requiere mucho más de mi tiempo. Descubrí que el trabajo social me apasiona y -aparentemente- logro ser efectivo en lo que hago. La ONG por su lado, necesita de mi trabajo para seguir creciendo. ¿Como poder entonces dedicar el tiempo a la ONG que me necesita y a la vez tener un empleo que me permita vivir?

      El caso mío no es aislado. Hay muchas organizaciones que de hecho, se comprometen en apoyar a lo que ellos llaman ‘emprendedores sociales’, para que puedan dedicarse a sus proyectos sociales exclusivamente. Pero llega el momento que esa ayuda se corta, y las ONG deben cubrir los costos con recursos propios.

      En charlas que he tenido con varios directores de ONG nacionales e internacionales me contaban que habían tenido el mismo problema o lo seguían teniendo. Los proyectos habían empezado chicos, luego habían crecido al punto de necesitar gente que trabaje mas tiempo en ellos; y ese momento era una transición difícil en la vida de una organización. Algo así como la adolescencia de las ONG. Sin embargo, hay un prejuicio generalizado con este tema. “La gente cree que el trabajo social debe ser voluntario siempre, eso es un preconcepto”, me dijo un director de una organización internacional. “Es verdad…”, pensé, “…yo también tengo ese preconcepto”. Así y todo reconozco que en cierto momento, el trabajo debe ser remunerado si se espera sustentabilidad. Mas aun cuando el crecimiento del proyecto depende de gente que se pueda ocupar de desarrollarlo. Algunos decidieron dejar su trabajo en el sector privado para dedicarse al trabajo social, aceptando cobrar un sueldo menor pero sueldo al fin. “Yo no lo pense como un dilema. Si nosotros empezamos esto, lo hicimos crecer y lo hacemos bien…quien mejor que nosotros para seguirlo?”, me dijo otro director con respecto al paso de su ONG por esa transición adolescente.

      A medida que hablaba con más gente, más interesante se tornaba el asunto. Un reconocido líder dentro del trabajo social me dijo: “Yo trabaje 5 años como voluntario sin cobrar un peso, dirigiendo una fundacion. Jamas me arrepenti, en su momento decidí tomar ese camino. Hubiese podido trabajar en una empresa y hoy tendría mucho dinero, pero preferi resignar ese dinero para hacer lo que realmente me apasiona. Luego la fundacion creció y tuvo una mejor posición económica y ahí empecé a cobrar un sueldo. Era el Director Ejecutivo de un trabajo que me gustaba y apasionaba, y podía cobrar un salario para poder vivir. Y si bien el salario estaba por debajo de lo que cobra un director ejecutivo de una empresa, creo que demostré que no lo hago por el dinero. Mi compromiso existe, mas allá de –ahora- tener un salario digno”. Estaba claro: no se puede pretender que las ONG dependan del trabajo voluntario unicamente. Empecé a esta altura a preguntarme el por que realmente de mis preconceptos. ¿De donde venían mis prejuicios y mis dudas con este asunto en particular? La respuesta llego un par de meses después, a través de información que yo ya conocía hace mucho, pero que ahora me mostraba la clave para responder mi duda.

      Caso TOMS shoes – ¿Emprendimiento social u oportunidad de negocio?

      Este es un caso muy interesante y a la vez difícil de analizar. La historia comienza en el 2006, cuando el estadounidense Blake Mycoskie (30 años para ese entonces) vino a la Argentina a pasear y aprender a jugar al polo con un amigo argentino. En su estadía pasó por el norte del país y vió chicos en situación de pobreza extrema, mucho de ellos descalzos y con los pies heridos. Conoció a algunos trabajadores sociales del lugar que estaban repartiendo zapatillas y fue allí donde comenzó a pensar como darles un calzado a los chicos de una manera sustentable. En este mismo viaje fue cuando vió las típicas alpargatas argentinas.

      Así fue como Mycoskie decidió fundar ‘TOMS shoes’, una empresa que vende distintos modelos de alpargatas que van desde los 40 a los 70 dólares, y que por cada unidad vendida entrega una exactamente igual a un chico en situación de pobreza en Argentina y países africanos. La idea de crear una empresa y no una ONG fue darle sustentabilidad al proyecto. Según el mismo explicó en una entrevista que le hizo Bill Clinton en uno de sus eventos “Decidí hacer una empresa porque era una manera sustentable de poder seguir dándole a los chicos calzado. Si hubiésemos sido una ONG dependeríamos de donaciones, y quizás gente que me donó el primer año al segundo no lo hubiese hecho porque habrían elegido otra causa, por el ejemplo el huracán Katrina”. También explica que no gastan dinero en publicidad ni marketing y es por eso que pueden costear un par extra de calzado para cada chico y a la vez tener una ganancia. Mycoskie considera que cada comprador se convierte en un donante de su causa y un filántropo, y promociona sus productos con la frase ‘ayúdanos a cambiar el mundo’. Considera que el calzado hace una diferencia decisiva en la vida de estos chicos. Hasta el día de hoy, TOMS shoes ha entregado 140.000 unidades a chicos en distintos lugares del mundo. Estos calzados son básicamente alpargatas mejoradas. Blake Mycoskie es considerado por muchos en su país natal como un emprendedor social ejemplar, con una idea innovadora y genial: por cada par que compras, le damos uno igual a un chico pobre.

      Ahora bien, comencemos a preguntarnos algunas cosas: ¿Darle únicamente un par de alpargatas a chicos en situación de pobreza, cambia su situación en el largo plazo? ¿Hay un seguimiento a cada chico que se asiste, que pasa cuando le crece el pie? ¿Dónde se fabrican los productos, en qué condiciones y que costos? ¿Es realmente la idea del proyecto asistir con calzado a chicos en situación de pobreza, o se utiliza ese concepto como un argumento de venta?

      Navegando por la página web de la empresa, en la sección de prensa, se puede ver la atención que prestaron importantísimos medios hacia la iniciativa: la revista Rolling Stones, New York Times, People, Vogue, Menshealth y Elle son parte de una larga e impresionante lista. También se puede apreciar algunos de los muchos videos muy bien producidos, la utilización de redes sociales y una cuidada estética que obviamente es resultado de una enorme cantidad de trabajo detrás ¿Cómo se logra todo esto sin presupuesto en publicidad y marketing? La pregunta no sería relevante para una empresa común y corriente que busque la ganancia. Pero en este caso la elección de crear una empresa en lugar de una ONG fue únicamente para darle sustentabilidad al proyecto, y no la generación de riqueza. Dicho esto, entonces, es válida la pregunta.

      Como concepto de cambio social creo que es discutible el impacto que puede tener la asistencia con un par de alpargatas a chicos que tienen decenas de necesidad básicas insatisfechas. Es por eso que seguramente si Mycoskie hubiese creado una ONG con ese único objetivo, no hubiese obtenido demasiado apoyo, lo cual es lógico. Al tener una empresa, esta lo libera en cierta forma de tener que dar explicaciones sobre su accionar con las comunidades locales, ni interiorizarse o especializarse en temas puramente sociales. Tampoco tiene que evaluar si su accionar tiene o no un impacto social.

      Creo que, más allá de todo esto, hay un error inicial en su análisis: la idea que una ONG no puede ser sustentable ya que ‘depende de donaciones y sponsors’. A mi entender un grave error conceptual; muchas ONG han demostrado ser sustentables y han seguido en pie inclusive en momentos de crisis económicas. Esos casos fueron posibles gracias a buenas planificaciones y estrategias pensadas, y sigue siendo posible por supuesto. Los donantes o sponsors tambien se convierten un gran activo de las organizaciones ya que están más comprometidos con las causas que apoyan y seguramente demandaran a las organizaciones a superarse, mejorar y buscar la excelencia en el desarrollo, ejecución y el impacto de sus programas. No es el caso de los consumidores de TOMS shoes, que compran un par de zapatos y al mismo tiempo la idea de ser filántropos, sin cuestionar ni interiorizarse en la causa que supuestamente están apoyando. Una manera bastante rara para ‘cambiar el mundo’, según mi visión.

      La entrega de 140.000 unidades de calzado en los últimos 3 años supone una venta de igual cantidad (uno vendido, uno entregado). A un precio promedio de 50 dólares por unidad, estamos hablando de 7 millones de dólares en 3 años. Un numero que muchas ONG de base que trabajan con cientos de chicos, comunidades y ejecutando decenas de programas ni siquiera suenan con tener. ¿No deberían estos fondos poder ser analizados con los estándares de una ONG, teniendo en cuenta su porcentaje de eficiencia, impacto de los programas en la comunidad, transparencia, etc.?

      Uno de los videos disponibles en la página de la empresa aclara ciertas dudas, cuando muestran el lanzamiento de una alianza que lograron hacer con ELEMENT, que fabrica skateboards (o patinetas). Gracias a esta alianza, por cada patineta que ELEMENT venda, entregara una igual a un chico en Durban, Sudáfrica para “proveer de refugio de las peligrosas calles en donde viven”. Si, leyeron bien: para los chicos “in need” (con necesidades) en Sudáfrica, patinetas…

      Hago la pregunta entonces y está en cada uno responderla: ¿Esta iniciativa es un sincero –de dudoso impacto y muy cuestionable- emprendimiento social, o simplemente se está utilizando la necesidad ajena como un elemento de venta?

      Caso Bulgari-¿Acción de RSE o campaña de marketing?

      ¿Cuándo una acción de RSE es realmente responsable y cuando es una simple –a veces no tan simple- jugada de marketing? Me gustaría compartir algunos ejemplos concretos en donde ciertas acciones -en teoría de RSE- , caminan por una delgada línea entre lo responsable y lo conveniente. Un caso que me llamo la atención en estos días fue la campaña por el aniversario de la empresa italiana Bulgari, que comercializa artículos de lujo como joyas, diamantes, relojes y perfumes.

      Con motivo de su 125 aniversario, Bulgari lanzo una campaña llamada ‘Save the Children project’, con el objetivo de recolectar 10 millones de euros para la ONG ‘Save the Children’, que los destinara a sus programas de educación en Uganda. Para esto, Bulgari decidió convocar a una veintena de personalidades –entre ellos las estrellas de fútbol Ronaldinho y Paolo Maldini, el actor Ben Stiller y la actriz Isabella Rosellini- que se sacaron una foto con un anillo especial para la ocasión. El anillo, que tiene grabado el nombre de la marca por fuera y ‘Save the Children’ por dentro (del lado que no se ve), tiene un costo de 290 euros. Por cada anillo vendido, Bulgari dona 50 euros (o el 17,25% de la venta) a la organización sin fines de lucro.

      ¿Que otra cosa hace Bulgari en esta campaña para demostrar su compromiso? En su sitio web se muestran las fotos de las diversas personalidades mostrando el anillo –el verdadero protagonista sin duda, apareciendo primer plano-, y con frases sobre la  educación como por ejemplo “La educación es un derecho”, “Juntos podemos reescribir el futuro de millones de niños” y “Demos una chance de un futuro mejor a los niños”. Las expresiones en los rostros de los protagonistas son serias y a veces afligidas, dando a entender un compromiso con la problemática y que el tema no es broma. También se puede ver un video de Ben Stiller en Uganda en medio de chicos africanos que lo rodean y dibujando con una tiza en las paredes. Y…eso es todo.

      Ahora bien, en el momento del análisis hay varios interrogantes validos: ¿Las personalidades que aparecen en la campaña, cobraron algo por salir en la misma? ¿Si cobraron, cuanto? ¿Aparte de sacarse una foto, aportaron algo de sus increíbles fortunas para llegar a los 10 millones de euros? ¿Qué tan comprometidos están con la organización Save the Children, teniendo en cuenta que Ben Stiller sale en el video con la gorra de la organización sin fines de lucro LiveStrong? ¿No estará buscando Bulgari en realidad tener a personalidades que cobran enormes caches a un precio barato –o hasta nulo-, con la excusa de una acción solidaria? Los derechos de imagen de  Ronaldinho solos valen cientos de miles de euros para cualquier empresa. ¿Cuánto gana Bulgari con la venta de cada anillo? ¿Si no se vende ningún anillo, Bulgari aportara los fondos? ¿La forma de ‘reescribir el futuro de los niños’ y ‘darle una chance de un futuro mejor’, es comprando un anillo? ¿Por qué no debería el consumidor darle los 290 euros a Save the Children directamente, que valor agregado para la causa tiene el anillo?

      Hay muchas otras preguntas por supuesto, y siendo Bulgari un comercializador de diamantes –una industria escandalosamente sucia e inhumana- uno se pregunta si no hubiese sido más lógico enfocar los esfuerzos en asegurar una producción libre de esclavos, mafias y sangre. En el mismo sitio web se pueden leer las políticas de ‘ética’ de la empresa con respecto a este tema y queda en claro que queda mucho por hacer todavía.

      A mi entender, este es un buen ejemplo en donde una marca busca beneficiarse, obteniendo publicidad gratis, una imagen positiva, vendiendo un anillo y quizás ahorrando el dinero que le saldrían contratar a las 21 celebridades. Aun peor sería el caso que las celebridades hubieran cobrado algo, en ese caso haciendo una cuenta rápida los costos podrían acercarse a los 10 millones de euros que se intentaban recaudar en un primer momento. Mas allá de ese detalle, queda claro que la participación de las celebridades es meramente un elemento de marketing. Las frases son vacías de contenido, repetidas, ingenuas y hasta estúpidas; y uno realmente tiene todo el derecho de dudar de su involucración con la problemática. Para comprobar esto solo hace falta ver la galería de personalidades y ver aparecer a la muñeca Barbie con el anillo en la mano, como una referente mas. Para Bulgari, un producto como una muñeca es la encargada de decirle a la sociedad y el público lo importante de la educación. Aquel que le preste atención debería volver la escuela urgentemente, en mi opinión.

      Al parecer, Bulgari –lamentablemente-  busco la atención mediática con una campaña vacía de contenido. Y lo logró: sin ir más lejos yo me entere de esto a través de los diarios, que lo publicaron en primera plana. Seguramente alguien me dirá ‘Y bueno, pero al final del día hay 10 millones de euros que van a Uganda’, lo cual en teoría es correcto. Pero la respuesta a una problemática tan compleja ¿se soluciona o siquiera empieza con 10 millones de euros; o se debería analizar y comprometerse a fondo para empezar a plantear una solución? Hubiese sido interesante ver a Bulgari facilitando otras iniciativas que completen la campaña y que logren el interés general. Como también es interesante que nosotros, los consumidores, el público y la sociedad en general sepamos identificar las diferencias, por el bien de las causas de turno.

      Las diferentes caras de la Responsabilidad Social Empresaria -Parte 2-

      Ahora bien, teniendo en cuenta estas tres visiones, intentemos descubrir la esencia de cada una y juguemos al abogado del diablo por un momento. En el primer caso se interpreta la gestión de RSE al como las empresas llevan a cabo sus actividades en busca de lograr los objetivos. Esto seria, ser conscientes del impacto de las actividades que las empresas tienen en el medio ambiente, la sociedad  y para simplificar, en todos los demás. Pero pregunto ¿no sería esa la forma que siempre tendrían que realizarse las actividades de una empresa? Si bien el objetivo de una empresa es generar riqueza, ¿no se está dando por sentado que entonces -hasta ahora que apareció la RSE- cualquier forma de alcanzar ese objetivo era válida? ¿Si hay que pagar sueldos bajos, explotar a los empleados y contaminar el medio ambiente la empresa lo haría, con tal de generar riqueza? Pareciera que el mensaje aquí seria: ‘Desde hoy nuestra empresa está comprometida con la RSE, así que vamos a empezar a hacer las cosas correctas y vamos a tener en cuenta al resto. No contaminaremos y no explotaremos al personal  porque creemos en la RSE’. Sinceramente, ¿Por qué deberíamos festejar lo que todos esperamos que hagan, que sean serias y –valga la redundancia- responsables? ¿No es su deber, su responsabilidad, más que una estrategia de negocios? Hoy por hoy hay muchísimas organizaciones y empresas que hablan de la RSE como si hubieran descubierto la pólvora, que se pueden hacer negocios ‘a pesar de’ las buenas prácticas. Sin ir más lejos, leí una invitación para un seminario de RSE en Rosario organizado por la Asociación Cristiana de Empresarios de Rosario, y en su folleto abren el debate con la siguiente frase “Este seminario propone entonces un espacio de reflexión común entre directivos de empresas que quieran desarrollar una gestión de RSE aun en un entorno de crisis”. Y quiero detenerme un segundo en el  ‘aun’, que es toda una declaración. ¿Acaso en un entorno de crisis, habría que abandonar las buenas prácticas? ¿O aún así, con crisis y todo, deberían hacer las cosas correctas?

      En el segundo caso la idea es destinar una parte de la ganancia o los recursos de la empresa para alguna acción para la comunidad, un club barrial, una escuela o algún proyecto de alguna ONG. Estas acciones también son vistas como actividades de RSE. Sin embargo muchas veces quizás la empresa no alcanzó sus objetivos o no generó la ganancia de una manera responsable. ¿Es ético y coherente entonces, que una empresa que contamina el medio ambiente con sus procesos de producción done dinero a una ONG y se proclame comprometida con la RSE? También tenemos a empresas que sí hacen las cosas bien y tienen acciones externas de este tipo, pero quizás no se involucran del todo en la causa que pretenden abordar y terminan apoyando proyectos que no tienen impacto real o que realmente, desconocen.

      Finalmente, llegamos al caso de las empresas que solo buscan una mejora en su imagen y ven a la RSE como un elemento más de la mezcla de marketing, un ingrediente más de la identidad de la marca. Sin comprometerse a fondo, solo buscan el efecto mediático. Lo irónico es que muchas ONG, sedientas de apoyo, terminan siendo cómplices de esta estafa. En una presentación de una organización que trabaja en África con la problemática del HIV, yo escuche atónito como el presentador cerraba su charla con las estrategias a futuro diciendo ‘Ajustaremos y adaptaremos nuestra misión de acuerdo a los negocios centrales de nuestros sponsors’. ¡La misión, ni más ni menos, que es el ADN de cualquier organización! Esa declaración fue confirmada por los sponsors -representados por sus directores de RSE- que también estaban en el auditorio. El mensaje era claro, la prioridad eran los negocios de las empresas que apoyaban al proyecto, y no el proyecto en sí.

      Para concluir creo que tenemos que mantener una mirada crítica y pensar bien de que estamos hablando cuando hablamos de RSE. A mi entender, la RSE no debería ser una estrategia de negocios sino una filosofía presente en todas las actividades de la empresa, tanto internas como externas. Una visión que lleve a la empresa a hacer las cosas correctas no porque esto le genera más ganancia, sino porque está convencida que es la única manera de hacerlo.  Las empresas deben enfocarse en primero  generar ganancia de una manera ética y correcta, respetando a la gente, al medio ambiente y al mundo en el cual desarrollan sus actividades. Segundo, como generadoras de riqueza que son, pueden –y deben, sin son responsables- colaborar a generar agentes de cambio social. Los agentes de cambio social nunca son individuales, sino colectivos, y para eso la empresa debe relacionarse con otros actores de la sociedad poniendo a disposición sus recursos para el bien común. Las ONG juegan un papel importante para estos cambios sociales, y necesitan los recursos de las empresas tanto como estas necesitan del conocimiento y experiencia de las organizaciones. Es por eso que es importante que ambas partes se escuchen, dialoguen y trabajen juntos para generar el impacto esperado, complementándose. Asombra ver como en los seminarios y congresos de RSE no se incluye a ningún líder social o representantes de ONG’s, dejando un vacio que amenaza seriamente las posibilidades de las mismas empresas de tener éxito en cuanto a acciones externos. Por último, queda claro que la generación de ganancia  o la conveniencia no debería ser nunca la razón por la cual una empresa decide realizar acciones de RSE. La empresa debe ser responsable, y los resultados vendrán solos. Y que la ventaja competitiva termine siendo un efecto secundario de las buenas prácticas y la responsabilidad social.

      Las diferentes caras de la Responsabilidad Social Empresaria -Parte 1-

      A fines del año pasado vi en un programa periodístico de Argentina un panel de empresarios nacionales debatir sobre el tema de la Responsabilidad Social Empresaria y como serían impactadas esas actividades en este contexto de crisis internacional. Un director de una compañía rosarina -comprometida según sus propias palabras con la RSE- fue tajante: “Para mi ser responsable en estos tiempos difíciles es mantener las fuentes de trabajo’’. En España, el club de futbol Barcelona –una verdadera empresa- usa el logo de UNICEF en sus camisetas para demostrar su compromiso con la causa de esa ONG. Mientras tanto, en Rosario, la empresa NASA Jeans lanzó una campaña grafica donde el slogan principal reza “Both sides of drugs” (Ambos lados de la droga), mencionando su responsabilidad con un tema tan complicado como lo son las adicciones.

      No hay una única definición del término RSE. Los expertos del tema dicen que el término va variando  porque justamente es algo relativamente nuevo que está en constante desarrollo. Sin embargo podemos hablar de conceptos, de la esencia y -no menos importante- de la intención detrás de las acciones de RSE. Intentar separar e identificar las distintas visiones e interpretaciones que hacen las empresas sobre RSE no es tarea fácil, pero sin duda merece ser intentado. De esta manera los consumidores podrían saber a fondo que tan responsable es una marca, las ONG podrían identificar socios del mundo empresarial con intereses en común y las mismas empresas podrían lograr mayor impacto  al cooperar con otras con los mismos objetivos. También, quedarían expuestas las empresas que en realidad, ven a la RSE solo como una  ventaja en un mercado extremadamente competitivo.

      Para intentar simplificar, podemos decir que una interpretación de RSE se refiere a todo lo que sea relacionado con la manera que la empresa pretende alcanzar sus objetivos. ¿Los procesos de producción son contaminantes? ¿Se daña el medio ambiente? ¿Todos los involucrados en la cadena de producción y distribución obtienen una ganancia justa y proporcional? ¿Los empleados son bien pagos? ¿Trabajan en buenas condiciones laborales? ¿Hay entre los empleados menores de edad? Todas esas preguntas y otras más que podemos hacer están orientadas al como la empresa realiza sus actividades. Esta interpretación seria la que uso el director rosarino antes mencionado cuando hablaba de preservar las fuentes de trabajo.

      Otra visión sería la de entrar en acción cuando ya se alcanzaron los objetivos de la empresa y se decide compartir –por decirlo de alguna manera- con la comunidad una parte de la ganancia. Es aquí donde las empresas deciden invertir en programas de desarrollo comunitario, inserción laboral, medio ambiente, educación o cualquier otro tema; o quizás decidan apoyar a una ONG en su causa, tal como sería el caso del Barcelona.

      Finalmente existe también la idea que ser socialmente responsable mejora la imagen de la empresa y la marca, y por lo tanto, esto puede ser usado como una ventaja competitiva en el mercado. Si bien es cierto que la imagen puede ser afectada positivamente, ese resultado debería ser una consecuencia natural de una manera de actuar de la empresa. Nunca debería ser la causa, ya que el día que el mercado decida que ser responsable no es un factor importante entonces las empresas abandonaran esas actividades.  Este criterio parecería que fue el que guió a NASA a realizar una campaña sin ningún tipo de sustento alegando su compromiso con RSE. La empresa no solo no argumento su compromiso con una enfermedad tan compleja como es la adicción a estupefacientes; sino que demostró su total falta de interés, investigación y compromiso en el tema  al afirmar que las drogas tienen ‘dos lados’, uno bueno y otro malo. Un caso, literalmente, de irresponsabilidad social empresaria.

      (El articulo continúa la semana que viene)

      ¿Ayuda? No, gracias

      Hace rato que me pregunto como debería ser la lógica del proceso de ayuda. Lo pensé bastante y comencé a analizar por lo más simple, los amigos de uno, los familiares. Cuando uno ofrece ayuda en esos casos es porque conoce a fondo el problema a resolver, conoce a sus amigos bien, sabe cuales son los desafíos que enfrentan y que herramientas necesitan para resolver la situación. Seguramente hay una predisposición del que necesita ayuda a ser ayudado, como también existe una apertura a escuchar del que quiere ayudar. Ese es un punto clave: saber escuchar. ¿Cuántas veces uno al necesitar ayuda, elije a quien pedírsela pensando en si la persona nos va a escuchar y comprender la situación?

      En el mundo del trabajo social quizás los que mas necesitan ayuda son las ONG y proyectos chicos que hacen el trabajo de campo, con la comunidad, el trabajo en si. Por lo general estos proyectos nacen chicos, con muy buena voluntad y mejores intenciones, y a veces carecen de sustentos académicos o les falta planificación por el simple motivo que los creadores de la idea no son ni académicos, ni empresarios, ni tuvieron educación en esos ámbitos. Esto no significa que sus proyectos sean malos. Solo significa que pueden mejorarse.

      Dentro de las entidades que quieren brindar ayuda a estas ONG ejecutoras, están las grandes ONG y las empresas con sus programas de Responsabilidad Social Empresaria (RSE), entre otros. Sin embargo, muchas veces nos encontramos conque estas entidades no tienen la voluntad de primero escuchar, y luego proponer una línea de acción en conjunto. Muy por el contrario, vemos que de antemano deciden que es lo que se necesita y el modo de llevarlo a cabo. “Yo te quiero ayudar. No me digas nada, esto es lo que necesitas”, parecería ser el mensaje.

      No hace mucho tiempo me encontré con un ex compañero que hoy es un exitoso emprendedor de una fábrica de alimentos ultracongelados. Le conte que había creado una ONG para ayudar a chicos en situación de pobreza y me interrumpió inmediatamente. “Yo quiero ayudar” dijo, sin querer saber mas del asunto. Luego agrego “Tenemos 120 kilos de masa para pizzas por día que tiramos a la basura, son cortes que sobran. Se los podemos dar a tu proyecto”. Era quizás una idea útil para una ONG que tuviera algún programa de panadería, infraestructura para recibir esa mercadería diariamente y equipamiento para cocinar la masa. Ese no era nuestro caso. Al explicar esto le propuse que desarrollemos un nuevo proyecto en conjunto con su empresa, quizás podíamos hacer talleres de panadería, capacitar a la gente interesada, comercializar productos en alguna feria comunitaria. Pero no le intereso, para el la ayuda era sacarse de encima 120 kilos diarios de masa, y era casi nuestra ‘obligación’ aceptar ese acto de generosidad.

      Tambien vemos que muchas ONG grandes y empresas deciden bajar línea y definir sus cursos de acción en el área social sin haberse sentado a siquiera escuchar a los que están trabajando con la comunidad, que son los que realmente saben del tema. Si hablamos de desarrollo comunitario, obviamente no podemos plantear soluciones ni una lógica ‘de libro’ o ‘académicas’ sin haber charlado con la comunidad. Ellos son los que tienen los problemas, deben jugar un papel  protagónico a la hora de enfrentarlos y resolverlos. Pero lamentablemente son muchas las veces que por ignorancia, por un sentimiento de lastima y hasta superioridad;  las acciones que tenían como objetivo ayudar a la comunidad terminan sin tener ningún impacto. “Mi empresa quiere ayudarlos, una vez por mes les mandamos a nuestros empleados como voluntarios para un programa de apoyo escolar”, me propusieron una vez. Nosotros ya teníamos un programa de ese tipo andando y realmente tener que coordinar 50 voluntarios de una empresa era mas un problema que una ayuda. Pero la decisión de cómo ayudar ya había sido tomada, nadie nos había preguntado en que y como estábamos trabajando, y en que areas necesitábamos ayuda. Frecuentemente las ONG grandes también caen en el mismo error de no escuchar. Es así como vemos que los criterios de ‘innovación’, ‘creatividad’ y otros son repetidos muchas veces como la prioridad y la ‘solucion magica’ a la hora de plantear programas de acción. Con esto no digo que no sean validos, pero si que hay que analizar cada situación particular para convenir que esos criterios sean prioritarios.

      Jagdish Bhagwati –profesor de Economía y de Derecho en la Universidad de Columbia- ha hablado mucho del ‘poder de absorción’  del continente africano. Bhagwati ha criticado al líder del grupo U2, Bono, por sus propuestas para resolver el problema de la pobreza. Entre otros argumentos, menciona que la cantidad de dinero que recibió Africa en los últimos años no ha cambiado la situación, más que nada porque el dinero no llego a las comunidades ni los proyectos fueron realmente desarrollados localmente. Siendo un enemigo de las dadivas sociales –como ser nuestro plan ‘Jefes y Jefas de hogar’-, el economista propone que el destino de los fondos sean decididos por las organizaciones locales: “¡Que la decisión no esté en manos de los llamados “hombres sabios”, como mi buen amigo George Soros! Por el contrario, que su destino sea decidido por las agencias de caridad del país de donde proviene el dinero. Muchas agencias nacionales de caridad son excelentes y tienen conciencia del problema de la capacidad de absorción”. 

      En la competencia Changemakers organizada por NIKE y Ashoka, una ONG internacional que busca promover y fortalecer emprendedores sociales, un líder de proyecto en Uganda escribió “Cualquier cosa para nosotros, sin nosotros, esta contra nosotros”. El autor de la frase, Caleb Wakhungu, titulo su proyecto con toda una declaración: “Los jóvenes no son simples receptores de servicios sino reales agentes de cambio”.

      Para que los agentes de cambio se potencien, se necesita de acciones colectivas, en donde las distintas partes aprendan a escucharse, comprenderse y proponer soluciones en conjunto. Creo que ante el auge de la RSE nos encontramos ante una oportunidad excelente para que las empresas –y también las ONG grandes- trabajen en conjunto con las organizaciones y personas trabajando en el campo desde un trato de igualdad y humildad. Las soluciones mágicas y ‘enlatadas’ no funcionan. Solo el trabajo colectivo funcionara como un agente de cambio social. Quizas debamos comenzar a preguntar primero y escuchar después, y asi plantear un trabajo en conjunto.

      Entrevista en Portalcero.com.ar

        Link de una entrevista que me hizo Federico Fernández Reigosa para el sitio Portal Cero. Gracias Federico!

        http://www.portalcero.com.ar/detalle-noticia-138

        Solidaridad versus Compromiso

          Muchas veces he escuchado que los argentinos somos un pueblo solidario. En programas de TV, en la radio, en los diarios y en boca de la gente. La última vez que recuerdo que el pueblo demostró su carácter solidario fue con las inundaciones de la ciudad de Santa Fe. Rápidamente y desde todos lugares del país se juntaron frazadas, alimentos, ropa y todo tipo de cosas para mandar a los que fueron víctimas de esa tragedia –probablemente evitable-. La conclusión fue unánime: los argentinos somos solidarios.

          Dice el diccionario que solidaridad es la ‘adhesión circunstancial a la causa de otro’.  Se entiende entonces que las acciones solidarias son puntuales, temporarias, tienen un comienzo y un fin. Pueden ser útiles entonces para casos específicos, como lo son los desastres naturales y en donde se necesita una ayuda inmediata y asistencialista cien por cien. Hubo una inundación, no hay suministro de agua potable y por eso se necesitan pastillas potabilizadoras. El problema es temporario –la inundación no durara por los siglos de los siglos en teoría- y por ende, se necesita una ayuda temporaria. Donamos así las frazadas y los alimentos por única vez.

          También se desprende de esa definición que el problema que requiere de la acción solidaria no fue realmente generado por uno.  ¿Qué culpa y responsabilidad puede tener  un argentino viviendo en Tierra del Fuego con la inundación en Santa Fe? Ninguna seguramente, al menos que haya sido ministro de asuntos hídricos en Santa Fe y se haya mudado poco antes de la inundación.

          Podríamos decir entonces que para ser solidarios se tienen que dar dos elementos por lo menos: a) que no hayamos sido (co)responsables o causales del problema que requiere de la ayuda y  b) que sea un problema temporario. La pregunta que me hago es simple: ¿tenemos incorporado realmente el concepto de solidaridad desde su  esencia, o solo nos hace confundir? 

          Me sorprende ver como se usa la palabra solidaridad para absolutamente todo. Muchas veces  acciones de responsabilidad social empresaria (RSE) se comunican como iniciativas ‘solidarias’, cuando quizás no corresponden porque las empresas fueron co-responsables del problema y lo que están haciendo es simplemente ocuparse del mismo. Están siendo, justamente, ‘responsables’.  La misma organización Caritas, que todos los años organiza una colecta para combatir la pobreza, lo plantea como un llamado a la ‘solidaridad’. ¿Es la pobreza un problema temporario, o uno estructural que requiere de otro tipo de acción? ¿Sirven acciones aisladas y circunstanciales para abordar una problemática que esta generada por el mismo accionar de la sociedad? La Red Solidaria, una muy buena organización, canaliza todo tipo de llamados, necesidades y promueve la ‘cultura solidaria’. Algunos de esos llamados son sobre problemáticas circunstanciales, otros son para problemas estructurales.

          Si hablamos de la pobreza en nuestro país seguramente estaremos todos de acuerdo que es un problema estructural y que para combatirla se necesitan planes a largo plazo, mejorar la situación económica, una sociedad comprometida con el tema. ¿Cuántos argentinos salieron alguna vez a la calle a organizar marchas por los chicos que mueren de hambre en nuestro país? Muchos menos que las masivas marchas contra la inseguridad probablemente. Y esto creo que en parte tiene una triste explicación: muchos argentinos todavía creen que la pobreza no es un problema de ellos. ¿Nos faltara quizás una visión común de sociedad, de país? No vemos toda la Argentina, sino la parte que nos toca vivir a cada uno. Pero si queremos tener un país mejor, la única manera de generar el cambio es de forma colectiva y que todos nos pongamos a trabajar para ello.

          Quizás sea hora de replantearse la palabra ‘solidaridad’. Si estamos colaborando en alguna campaña para un problema estructural, chequeemos que la misma proponga acciones acordes para resolver la problemática. De nada sirve darle un plato de comida o ropa vieja a una familia en situación de pobreza si no hay un proyecto de desarrollo a largo plazo. Seamos solidarios si hay un problema temporario y  comprometidos cuando hay uno estructural.  Cambiemos las palabras e identifiquemos cuando tenemos que hacer que. Y hablemos entonces, de un compromiso social.

          Preguntate todo

            ¿Alguna vez te preguntaste si consumís algún producto que en su proceso de fabricación, contamina el planeta? ¿O te intereso saber si fue producido en condiciones laborales correctas, por empleados que tuvieran edad suficiente para trabajar? ¿Te preguntaste como influye tu accionar individual en tu medio ambiente, tu casa, tu barrio, tu ciudad, tu país y tu mundo? ¿Te preguntaste que pasa si tiro un papel en la calle, no soy co-responsable que se tapen los desagües y se inunde la ciudad? ¿Analizaste las decisiones de un gobierno y de la clase dirigente con visión en el largo plazo, pensando no solo en como te afectan esas cosas a vos, sino a los demás? ¿Te interiorizaste a fondo en los programas que llevan a cabo las organizaciones no gubernamentales a las cuales donaste dinero?

            Desde chico me intereso saber el impacto que generan las acciones propias y ajenas en el mundo en general. Desde cosas muy simples –como tirar un papel en la calle-, hasta situaciones mas complejas –las actividades de una gran empresa y sus consecuencias o las decisiones de un gobierno-. Pienso que cada uno de nosotros debe ser consciente y responsable del impacto de nuestras acciones. Solo así podremos resolver los problemas que afectan al mundo en general y a nosotros a nivel individual.

            A partir de la creación de la fundación El Desafio, que a grandes rasgos tiene por objetivo combatir la pobreza en Argentina, me interiorice en lo que es el mundo de la ‘Solidaridad’, como muchos llaman. Hay todo tipo de actores participando: gobiernos, empresas, organizaciones no gubernamentales –grandes, medianas y chicas-, vecinales, personas particulares, etc. Cada una de estas partes tienen distintas áreas de acción, distintos objetivos y distintas estrategias; pero todas tienen –o dicen tener- una misión en común desde distintos lugares: buscar el bien general. A través de los años escuche términos como “Responsabilidad social empresaria”, “Responsabilidad corporativa”, “Caridad”, “Marketing social”, “Liderazgo social”, “Solidaridad”, “Beneficencia” entre otros. Términos que en general, son usados por muchas de estas partes de manera natural, como si todos estuvieran de acuerdo con su significado y su esencia. Pero en muchas oportunidades surgen diferencias de fondo y preguntas que hacen tambalear las estrategias y acciones de estos actores que, en teoría, buscan el bien común. Basta con fijarse en Google las diferentes definiciones de “Responsabilidad Social Empresaria” o “Responsabilidad corporativa” para confirmarlo.

            Desde este blog, entonces, busco compartir mis preguntas, ideas y pensamientos sobre todos estos temas. La única manera real de ser parte de la solución –y no parte del problema- es investigando, involucrándose y analizando desde distintas perspectivas cuales son los resultados de nuestro accionar. Este blog buscara funcionar como un disparador sin plantear una verdad absoluta.

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