En una entrevista que me hicieron sobre RSE, el periodista hizo una pequeña introducción explicando la idea: “Si bien las empresas tienen como fin generar dinero, la RSE busca enfocarse en otros aspectos como el cuidado del planeta, los recursos, etc.”. Mientras decía eso yo pensaba si alguien, en algún lado del mundo, había dado vía libre a las empresas para hacer cualquier cosa con tal de generar dinero.

    Ya hace muchos años, en una clase de Administración en la universidad, la profesora planteó a la clase un caso: “Tienen una fábrica con 100 empleados, que en su proceso de producción contamina el río de la ciudad. No hay manera de evitar la contaminación, la única opción es dejarla abierta o cerrarla. ¿Qué hacen con la fábrica?” El único que dijo de cerrarla fui yo, ante la mirada de reprobación de mis compañeros que me preguntaban como podía dejar 100 personas en la calle. De nada les importó que esas personas bebieran agua del río contaminado y que le produjeran enfermedades terminales. La profesora me puso la mano en el hombro con un poco de lástima y me dio una mirada de apoyo.  Pero sinceramente… ¿a quien se le ocurre un negocio que incluya el desprecio por el medio ambiente y la matanza lenta de sus propios empleados a través de la contaminación? ¿Es eso verdaderamente un negocio? ¿Todos los empresarios padres de familia, harían lo mismo con sus seres queridos?

    Hay un doble estándar que es hora de cambiar, la gran mayoría de las personas aceptan y reconocen que no tenemos los mismos valores en nuestra vida privada que en nuestros trabajos. En Inglaterra hace unos años el gobierno realizó un programa para que los padres lleven a sus hijas un día a sus lugares de trabajo, a fin de motivarlas y familiarizarlas con distintos ambientes de trabajo. Luego de la experiencia un padre fue entrevistado y su respuesta fue sorprendente. Contó que tener todo un día a su hija sentada al lado suyo en su escritorio le hizo dar cuenta que, de hecho, el tenía distintas actitudes en su casa y su trabajo, y eso le dió terrible vergüenza. En su casa era un padre comprensivo y cariñoso, siempre buscando lo mejor para su hija; en el trabajo era una persona exigente y demandante con sus colegas, irascible y depredadora para conseguir beneficios económicos para la empresa, negociando con proveedores para que bajen sus precios utilizando amenazas y la posición dominante de su empresa. Por un momento pareciera que hay cierta ‘inmunidad’ a la hora de hacer negocios: todo está permitido, es una jungla, la ley del más fuerte.

    A la luz de los casos de explotación laboral y esclavitud en Argentina de renombradas empresas –todas ellas parte de organizaciones de RSE que se muestran comprometidas-, y las explicaciones inconsistentes dadas hasta ahora del tipo “Es eso o se quedan sin trabajo”, “Es lo que se paga”, “Esta dentro de lo normal”, “Es la única manera de generar una ganancia”, vuelvo a la pregunta inicial: ¿Quien les dijo a las empresas y los empresarios que cualquier cosa es válida para ‘hacer’ negocios?

    Las condiciones laborales que hay en Argentina es un tema que merece atención, y no me refiero únicamente a los terribles casos de esclavitud. La precarización laboral es prácticamente algo ‘normal’, con sueldos insuficientes, pagados en negro, horarios inhumanos… Muchos empresarios de cualquier tamaño, grandes o chicos, utilizan estas prácticas con una naturalidad que sorprende. Son los mismos que se quejan porque enfrentan problemas con sus empleados que le cuestan mucho: empleados desmotivados con baja productividad, poco comprometidos, sin sentido de pertenencia y que al primer abogado carancho que aparezca les hace un juicio. Los costos son terribles, tanto en lo monetario como en la imagen y calidad de los productos o servicios ofrecidos por las empresas.

    Muchos entienden que  hay nuevas maneras de hacer negocios para que sean sustentables, dignos y justos para todos. Las Páez es un emprendimiento que fue lanzado por tres jóvenes en Buenos Aires, que si bien tenían experiencia en el mundo de los negocios, no eran expertos en el mercado en el cual se estaban embarcando: alpargatas. El concepto de Las Páez es unir la identidad argentina con un calzado práctico y a la vez creativo. Para semejante proyecto, los tres emprendedores salieron a la búsqueda de inversores que confiaran en su idea. Luego de varios intentos dieron con los inversores ángeles que les permitieron iniciar su negocio. Si bien arrancaron hace poco están avanzando a pasos agigantados. Lo más interesante, más allá de los números y su crecimiento, es la manera que lo están llevando a cabo.

    En una charla con Tomas Pando, uno de los creadores de Las Páez, me contaba como toda su producción está fabricada en Argentina, en talleres que ellos mismos instalaron y donde capacitaron a sus empleados, que en su mayoría provenían ambientes carenciados. También me explicaba que -como no podía ser de otra manera- pagaban a todos de manera legal y en blanco, de acuerdo a los valores estipulados por la ley y la industria. Sin embargo, consideraban que esto no era suficiente. Tomas me explico que estaban trabajando en opciones para elevar la calidad de vida de sus empleados. “Nuestro primer compromiso con la responsabilidad social es asegurarme que todos los que trabajan con nosotros tengan viviendas dignas y estén bien”. En la vieja manera de hacer negocios, seguramente achicar y bajar los costos a través de los sueldos hubiese sido una opción para un emprendimiento que recién arranca. Para Tomas y Las Páez, no. Ellos entienden que hay nuevos modelos de negocios y que a la larga, será mejor para todos. ¿Alguien duda del compromiso y la productividad que devolverá un equipo de trabajo respetado y tenido en cuenta? A mi entender hay una sola manera de hacer negocios, los que incluyen valores. Los demás, tarde o temprano, están condenados al fracaso.

    Via: Evolution Factory

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    ¿Qué significado real tienen los terminos como RSE, Marketing social, Responsabilidad Corporativa, Solidaridad, Beneficiencia, Programas sociales? Este blog mostrara –y desnudara- las diferentes interpretaciones y practicas de todos los actores que intervienen en el trabajo social. Empezando por uno mismo.

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